LA GALLINA QUE PUDO SER PRINCESA
Antiguamente, cuando una familia real quería casar a un príncipe o una princesa, el sistema al que se recurría era que se pusiera enfermo. Así todos los habitantes de reino, o en casos graves también de otros lugares, que pudieran tener algún remedio pasaban por delante del príncipe, lo que le permitía elegir a su consorte más adecuado. En esta ocasión, un príncipe está enfermo; se han agotado todos los recursos dentro del reino y se buscaron fuera. Mientras tanto, una gallina llamada Pepita iba en busca de una paloma; se acabó encontrando una sartén, que le salvó la vida en varias ocasiones; incluso encontró un gallo. Tuvieron que subirse a una ventana, pues pasaba un cortejo. El príncipe del país había muerto al no encontrar nadie remedio a su enfermedad. Pepita, nerviosa, puso un huevo sin querer, que cayó sobre la armadura de un soldado de la escolta. El calor lo convirtió en huevo frito; al olor de producto el príncipe despertó, pues no había muerto. El compromiso de casarse con quien le salvara era incómodo para el príncipe y para Pepita, así que decidieron que mejor estaba Pepita con el gallo que había encontrado.
