DOCE FUERA DE CASA

Los Baker se hacen mayores: una ya está casada, la otra se gradúa, el otro quiere irse a trabajar, la adolescente empieza a quedar con chicos… Ha llegado el momento de volver a la casa del lago y pasar las últimas vacaciones juntos.


Si Shankman no hubiese estado sometido a la primera parte podría haber logrado hacer algo mínimamente interesante. Quiere transmitirnos una aportación a ese eterno debate entre la disciplina y la libertad que hay que dar a los hijos.


Pero no puede: hay que alimentar la historia con porrazos y travesuras y ahí, precisamente en la faceta de comedia, fracasa estrepitosamente. La película queda paupérrima en los dos registros.


Repite los gags de la primera parte y todo resulta previsible. Sabemos que la vajilla del rey va a quedar destrozada, que esa chica embarazada va a terminar con apuros… No llega a ser soporífera pero tampoco es muy graciosa.


Para incondicionales de Steve Martin.