LOURDES
Un grupo de peregrinos se acerca a Lourdes. Christine, postrada en silla de ruedas no es una joven de mucha fe, pero le gustan las salidas culturales y ver algo de mundo.
El considerable elogio que se puede hacer a esta película es que hace pensar. La directora se acerca a Lourdes con algunas preguntas en la cabeza. ¿Qué es esto de la enfermedad? ¿Una injusticia? ¿Qué es esto del milagro? ¿Por qué a mí no? ¿Qué es esto de la vida? ¿Así juega Dios? Pero esos interrogantes no los responde nadie. Están los enfermos, las enfermeras, los voluntarios, el sacerdote, las monjas… Pero nadie sabe. · Es dificilísimo presentar un milagro en el cine sin caer en la gazmoñería o el ridículo. Hausner sabe mostrarlo magistralmente y , después, analizar las reacciones de las personas: celosos, envidiosos, amargados, cotillas, aprovechados, solos, terriblemente solos… Humanos, demasiado humanos.
Ateos, creyentes, escépticos o dubitativos, ante lo sorprendente, ante el hecho de lo sagrado, respondemos de forma mezquina; la fe muy por debajo de las inquietudes materiales. Todos en busca de felicidad y sólo unos pocos agradecidos por la gracia.
Muy logrado el sobrecogedor plano final mientras suena la canción Felicitá. Lourdes es, ante todo, un retrato de humanidad.
PARA CINÉFILOS.
