EPIC: EL MUNDO SECRETO
El
arranque de la película es bastante prometedor al plantear tres conflictos de
paternidad y filiación: En primer lugar tenemos al padre que ha entregado su
vida al trabajo y la hija que se siente sola. En segundo lugar está la ausencia
de un padre fallecido y el tutor que intenta hacer lo mejor con un joven majete
pero que no quiere comprometerse a nada. Y, en tercer lugar, el padre malote y
el hijo que pretende emularle. Aunque a la postre no se profundice mucho en
estos problemas, lo cierto es que toda la trama va a articularse a su
alrededor. Es una pena que no se convirtiera en el eje porque era muy
sugerente.
La
película se limita a ser una aventura que mezcla demasiadas cosas: El señor
de los anillos. Avatar. Cariño, he encogido a los niños. Los diminutos… Todo
junto y revuelto. Sin embargo, aunque copia mucho, hay que reconocer también
que tiene originalidad para las variaciones y logra momentos bastante
espectaculares.
No
se trata sólo de su esmeradísimo trabajo de diseño y colorido de un mundo
imaginado, sino también de esa capacidad para concebir un universo disminuido
desde dentro: escalas, proporciones, tamaños… Todo ello aporta una gran
riqueza. Además en las secuencias de acción consigue algunos momentos
verdaderamente llamativos.
No
llega al nivel de la primera parte de Ice Age. Allí sabían entrelazar
mucho mejor la presentación de personajes, el humor y la acción. Aquí se lleva
la mejor parte esa puesta en escena tan recargada y barroca.
Es
una película que disfrutarán más los pequeños que los adultos. Aunque no haya
excesivo humor, su colorido y su dinamismo imparable les resultarán atractivos.
