EVEREST
La expedición al Everest que narra la película fue conocida en su momento por su trágico final. En este sentido es toda una epopeya de carácter anti-épico.
La verdadera protagonista es la montaña, ese ocho mil que pone cualquier vida a prueba. Kormákui es un buen director y logra un film ciertamente espectacular, con una fuerza que reside en la acertada fotografía y en una planificación vigorosa.
El problema reside en un guión prefabricado que Hollywood utiliza una y otra vez. Al ser la montana la verdadera protagonista, los personajes quedan desdibujados, sin profundidad. El drama tiene mucho de cliché y las situaciones que se presentan acaban coinvirtiéndose en estereotipos y, por tanto, en previsibles.
Probablemente el director era consciente de ello, así que recurre a la potencia de las imágenes. El 3D le sienta muy bien y logra envolver al espectador en el vértigo de las alturas, el frío y la nieve.
Una película descompensada, más bien sentimental, pero que se sigue con facilidad.
