LITTLE BOY

Por
José Ramón Ledesma –
www.adolescentesconpersonalidad.net/

Estamos
en los años cuarenta del pasado siglo en O’Hare, un pequeño pueblo costero de
California durante la Segunda Guerra Mundial. Allí vive Pepper Busbee (al que
llaman Little Boy
) un niño
de ocho años que sufre las burlas de los demás niños por su baja estatura. Su
único amigo es James, su padre, con quien tiene una gran conexión y comparte
numerosas aventuras. Pero pronto James deberá dejar a Pepper, a su hijo mayor
London y a su esposa Emma para irse al frente de batalla (London no ha podido
alistarse por tener los pies planos, y él debe ocupar su lugar como
representante de la familia Busbee). Mientras el padre va a Filipinas para
combatir contra los japoneses, London se refugia en el alcohol y la tristeza
por su incapacidad para defender a su país, o para ocuparse del taller mecánico
de su padre. Y Pepper también tendrá que enfrentarse solo a la crueldad de sus
compañeros de clase y de sus vecinos. Pero conocerá a Ben Eagle, un mago que le
enseñará algunos de sus trucos, y entablará amistad con un anciano japonés, al
que todos marginan por ser
 “enemigo de América”, y además está convencido de que si
cumple una lista de tareas propuestas por el padre Oliver, el sacerdote
católico del pueblo, conseguirá reencontrarse con su padre. 

Little Boy es imaginativa, fresca, muy válida
para identificar las dificultades de nuestro día a día, y consigue emocionar a
niños y mayores con un mensaje profundamente optimista. Los personajes de la
película, y en especial Pepper, muestran una gran fuerza de voluntad para
luchar siempre hasta el final y para tratar de conseguir los objetivos
propuestos, y todo dentro de una historia que supone una defensa de la amistad,
de los lazos familiares, que muestra el daño que produce en nosotros el odio y
que defiende la necesidad de buscar toda comunicación posible con los presuntos
enemigos (en lugar de guardarles un rencor “preventivo” absolutamente
innecesario). Pepper y Hashimoto sufren discriminación y desprecio por un
aspecto de sus vidas que no pueden cambiar: Pepper no tiene la culpa de ser
pequeño y Hashimoto no es responsable del estallido de la guerra. Ambos
personajes tienen mucho en común y se complementan entre sí: con la relación Pepper
obtiene al amigo y al guía que tanto necesita, al tiempo que elimina sus
prejuicios y gana confianza en sí mismo, y Hashimoto a alguien que le comprende
y tolera. La película avanza al ritmo que Pepper marca, cumpliendo las buenas
acciones de su lista, una serie de actos de caridad con los que le rodean. La
metáfora, que consiste en explicarnos que podemos cambiar las injusticias del
mundo si empezamos a cambiar lo que está a nuestro alcance, es muy poderosa.