COSAS A TENER EN CUENTA
Pequeños secretos a la hora de elegir pareja
Quizá, cuando dos personas se constituyen en pareja, lo que más influye en ese enamoramiento, en líneas generales, sea el aspecto físico. Y eso es importante. Es fundamental que dos personas se gusten, porque si no sería muy difícil que hicieran un proyecto de vida en común con vocación de permanencia.
Pero también es cierto que eso es lo más pasajero, no porque la belleza se pierda -que se pierde sino porque las personas se acostumbran. Aunque uno se casase con la mujer o con el hombre más atractivo del mundo, a base de verse terminaría por parecerle normal. Esto es un hecho demostrable por la vía de la experiencia.
Por tanto, habrá que tener en cuenta otros aspectos a la hora de intentar que esa relación sea fructífera, y que no sólo tenga vocación de permanencia, sino que sea permanente de verdad. Esas cosas son el carácter y la forma de pensar, incluyendo las creencias y el pasado de esa otra persona.
Al principio parece que estas cosas no importan, porque el aspecto físico y la novedad lo cubren todo o casi todo. Pero cuando llega la vida de cada día, la cotidianeidad, el día a día, entonces las cosas son de otra forma.
El carácter se manifiesta con toda su expresión. Y todos los caracteres tienen aspectos desagradables, unos más que otros, pero todos los tienen. Toda persona tiene que luchar con su carácter.
Entonces, lo que se llevaba con facilidad, lo que no constituía obstáculo, ahora empieza a recibir mucha importancia; a veces, quizá, demasiada.
La forma de pensar, las ideas políticas o religiosas, la visión de la vida, que no se tenían en cuenta suficientemente, ahora se valoran mucho más. Se es consciente de que quizá no se esté de acuerdo en cosas que uno u otro consideran fundamentales, o que pensamientos sobre diversos temas son claramente divergentes. Esto erosiona la convivencia, sobre todo cuando se plantean temas de fondo, como puede ser la educación de los hijos.
El pasado también puede manifestarse en su aspecto más negativo, y cosas que no importaban empezarán a ser causa de celos, malhumor, etc. En definitiva: uno no acepta al otro por falta de madurez, y el otro no es aceptado y, por tanto, se siente rechazado. Por ahí puede venir otra fuente de desacuerdos grande, de desunión.
Probablemente se piense: ¿qué puedo hacer si ya estoy casado?
Quizá, a bote pronto, dos cosas. Primero, aceptar la vida como es y luchar por cambiar lo que se pueda, que es un síntoma de madurez. Y, segundo, explicar a los hijos qué es lo importante a la hora de seleccionar pareja, distinguir entre forma y fondo, y entre lo que es pasajero, efímero y fundamental.
