EL MISTERIOSO INFLUJO DE LA BARQUILLERA

          Cuando Prudencio era niño, todos le llamaban Sito. Iba al colegio contento y pensaba dedicarse un día a escribir cuentos pero, cuando se hizo  mayor, acabó trabajando en una oficina y era conocido como don Prudencio. Había algo que le empujaba a no olvidar su antiguo deseo y, un día decidió dejar su trabajo y comenzar a escribir. Empezó tomando muchas pequeñas notas que guardaba; quiso ir a un escuela de cuenta-cuentos, pero le dijeron que eso sólo se aprendía haciéndolo. Entonces, compró una máquina de hacer barquillos y se fue al parque ofreciendo barquillos y cuentos; cada vez le pedían que contara más cuentos y, cuando llegaron las vacaciones escolares, decidió que era el momento de ponerlos por escrito y tomarse un descanso en sus visitas a los parques infantiles. Bien relato, anima a escribir  a sus lectores