LAS HADAS VERDES
En una aldea gallega, había una familia que poseía un monte con árboles. La abuela tenía miedo de que con la sequía tan pertinaz que asolaba la zona, se pudiera producir un incendio, y más cuando en lugar del arbolado tradicional, su yerno para ganar dinero antes había plantado árboles. Efectivamente un día, Diana, la niña de la casa, ve como se ilumina la noche como consecuencia de un pavoroso incendio que está quemando el bosque. A la mañana siguiente el fuego está extinguido, pero el paisaje es desolador, sólo quedan en la cumbre unos pocos castaños y otras especies. La sorpresa de Diana es monumental cuando distingue un pequeño ser diminuto, agotado, que le pide agua. Poco a poco se va recuperando y le explica que forma parte de una familia de hadas verdes cuya misión es la custodia de los bosques. Toda su familia ha desparecido en el incendio. Diana la visita varios días, pero es, sobre todo, al retornar la lluvia cuando el hada recupera todo su vigor. Un día, le comunica a Diana que tienen que despedirse; que ella va buscar otras hadas, pero que las leyes inmemoriales indican que ambos mundos -el de los humanos y el de las hadas- no tengan comunicación. A pesar de todo como Diana se ha ganado el cariño de esa hada verde, quizás consiga volver a verla.
