SAN JOSÉ, INTERCESOR DE LOS MARIDOS ENFADADOS.

Acudamos a su intercesión…, y puede cambiar nuestro matrimonio

                  ¿Enfadados con quién?
            Pues con su mujer, claro.
            ¿Y tú crees que San José se enfadaba con la Virgen?
            No, no lo creo. Pero si el diablo pudo tentar a Jesús, me imagino que también pudo decirle a San José, cuando estaban buscando al Niño Jesús que se había quedado en el Templo «¿No habíais quedado que se encargaba ella de cuidar a Jesús a la vuelta?».

          Es importante que los que estamos casados sepamos cómo funciona el amor entre un hombre y una mujer, qué etapas se van sucediendo, y que no nos sorprendamos cuando vamos llegando a nuevas situaciones.

          El amor empieza con el enamoramiento: ese estar en la nube en el que estamos tan a gusto. Todo lo que tiene, hace o dice nuestra novia o nuestro novio nos parece estupendo, lleno de gracia, especial. No nos cuesta ningún esfuerzo pensar en qué podemos hacer para sorprenderle, en qué le gustará más, y luego corremos a conseguirlo.

          Este enamoramiento es algo que no elegimos nosotros, sino que nos pasa. Por eso hace falta un paso más: que nosotros libremente digamos que sí, que queremos a esa persona. Esa elección mutua, sin restricciones, sin reservarnos nada en la letra pequeña, es al fin y al cabo casarse.

          ¿Y después de casarse? La siguiente etapa es que el enamoramiento, en el que estábamos tan a gusto, se pasa. Desaparece. Ya no todo lo de nuestra mujer, o de nuestro marido, nos parece encantador. Empezamos a ver los defectos, y la reacción natural es que nos irriten.

          Es importante saber que esta situación es normal e inevitable. Lo peor que podemos hacer es sorprendernos y pensar «Ya no le quiero». Por supuesto que le queremos. La elección que libremente hicimos, el «si», sigue en pie. Tan solo los sentimientos han cambiado, y es el momento de recuperarlos, de volver a enamorarse. ¿Cómo? Haciendo exactamente lo que hacíamos cuando estábamos enamorados: pensar en qué le gusta a ella, o a el, y hacerlo. Claro que ahora no nos sale espontáneamente, como entonces, sino que hay que esforzarse.

          Me gusta pensar que la Virgen y San José, igual que tuvieron que trabajar como todos los hombres, también fueron una pareja como nosotros (Virginal, pero un verdadero matrimonio). Que se enamoraron de verdad, y sintieron el uno por el otro los mismos sentimientos que todos los enamorados. Que se eligieron libremente, y se dijeron que si. Y que después, como a todas las parejas, se les pasó el enamoramiento, y tuvieron que esforzarse por volver a enamorarse. Y me gusta pensar también que, igual que sintieron el cansancio de su trabajo, sentirían también la tentación de irritarse. Así que he elegido a San José como intercesor de los maridos enfadados, porque creo que él nos entiende perfectamente y nos ayudará a superar la tentación de la irritación y a esforzarnos por volver a enamorarnos.