«ES ERRÓNEO CREER QUE DIOS NO QUIERE A LOS RICOS»

Entrevista de Koldo Domínguez


En verano de 2011 entró en una
librería y se topó con la Biblia didáctica. La compró, comenzó a leerla y tres
años después es otra mujer. A sus 32 años, se ha convertido y nota que el
«Señor crece día a día en su interior». Habla pausado y entrecierra los ojos
cuando habla de Él. Siempre sonriente, no esperen en esta entrevista muchos ‘o
seas’ y golpes de melena ‘made in’ barrio de Salamanca. Ésta es la nueva Tamara
Falcó.

– ¿Es usted feliz?

– Estoy en camino, en proceso de salvación.
Necesito tiempo de paz y de oración. La plenitud la alcanzaré cuando llegue al
cielo.

– ¿Reza a diario?

– Voy a misa diaria. Ayer (por el jueves) no pude ir y estoy
disgustada. Pero he visto en el programa de las jornadas que hoy hay una
Adoración. Mira, divina providencia.

– ¿Le molesta que haya gente que no se
crea su conversión?

– Intento no vivir de cara a las otras personas. Sé que es difícil
pero dentro de mis preocupaciones no es una de las principales.

 – Pero arrastra un pasado de fama, glamour,
revistas del corazón…

– No son cosas opuestas. Todo el que se bautiza es hijo de Dios y hay
dos tipos de pobreza: la material y la espiritual. Yo no tenía pobreza material
pero sí espiritual. Es erróneo pensar que Dios no quiere a la gente rica.
Puedes ser muy pobre y estar todo el día empeñado en conseguir riquezas o
puedes ser muy rico y no darle importancia. Lo esencial es ver dónde está
puesto tu corazón.

– ¿Qué tenía de malo su modo de vida anterior?

– La ausencia de Dios. Jesús resume
todo en dos mandamientos: ‘Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo
como a ti mismo’. Creo que es imposible amar al prójimo si no amas a Dios primero.
Sin esos dos cimientos, mi vida se basaba en buscar superarme en el trabajo,
ganar más dinero, tener cosas materiales, los novios más estupendos…

– Y no era feliz.

– El Señor me dejó que yo tuviera
todas esas cosas y que descubriera el vacío. Lo tenía todo y a la vez era infeliz
y estaba insatisfecha. El mundo no te puede ofrecer lo que Dios te da. Pero Él
nos ha puesto en el mundo y somos seres materiales, así que una cosa no quita
la otra.

 – Lo suyo sí
que fue una caída del caballo, como San Pablo. ¿Le dieron miedo esas nuevas
sensaciones?

– Todo lo contrario. En el momento en
el que empiezo a leer la Biblia me encuentro mejor. Estaba sedienta y alguien
me dio agua. Fui al retiro del padre Ghislain, él me impuso las manos y me dejó
muy claro que el diablo existe y que la única forma que tenía de cerrarle las
puertas era a través de la confesión. Y me pasé todo el fin de semana en el
confesionario.

– ¿Tenía mucho que confesar?

– Sí, mucho. Ahí empezó todo, las
misas, la catequesis con los Kikos…

– Si Dios no hubiera aparecido en su vida, ¿cómo
estaría ahora?

 – Viviendo una vida mediocre. ¿Has visto la
película ‘Matrix’? Pues eso, estaría conectada a ‘Matrix’ con pequeñas
situaciones de felicidad pero sin saber cuál es el camino.

– ¿A qué ha renunciado desde su conversión?

– A nada. He ganado en todos los aspectos. Sí he renunciado a echarme
toda la carga encima. Me gusta saber que hay un padre que cuida de mí, que me
está esperando, que me escucha y tiene paciencia. Mi único miedo es no poder
seguirle, ser la semilla que cae en tierra mala.

 – ¿Sale menos, viste diferente?

 – No necesariamente. Te van
dando gracias especiales. Por ejemplo, en el tema de la castidad. Cuando empecé
la conversión tenía un novio. Me fui a confesar y el sacerdote me dijo que si
había intención de matrimonio no pasaba nada, que estuviera tranquila. Sin
embargo, el Espíritu Santo sabía que yo no estaba lista para dejarle. Poco
tiempo después a él le salió un trabajo en Milán y nos distanciamos poco a
poco, pero de una forma natural, nada traumática.

– ¿Está a favor de la castidad?

– Claro. Evidentemente es mucho más
agradable la vida compartida. Yo tendía a entregarme totalmente a la persona
con la que estaba. Así que si llego a tener novio no habría podido vivir este
despertar espiritual y haberme enamorado de Jesús. No le habría podido prestar
atención ni a la oración ni a las cosas que ten­go que hacer para crecer.

– Así que renuncia a las relaciones esporádicas.

– Mi director espiritual me dice que
hay tres dimensiones del amor. El eros, que es la primera, es la atracción física
que sientes y es muy importante, pero bueno, están las otras dos… No quiero
decir que esté cerrada en banda, para nada, creo que Dios te pone en el corazón
a la persona correcta.

– Es una postura un tanto…

– Pero porque sé lo que estoy
buscando. Es muy importante saber lo que es pecado y lo que no. Que yo salga
una noche a bailar y pasármelo bien con mis amigas… eso no es pecado. Que me
entregue físicamente a un hombre sí lo es.

 – ¿Es más del
Papa o deRouco?

– De los dos. Son la misma Iglesia.

– ¿De verdad?

– Hay muchas espiritualidades dentro
de la Iglesia. He tenido oportunidad de conocer a gente del Opus Dei, del
Camino, a Legionarios, Carismáticos… Dentro de la Iglesia hay sitio para
todos.

 – ¿Y cuál es
el suyo?

– Voy un poco por libre.

– ¿Por qué la juventud actual se ha alejado de la
Iglesia?

– Porque hay una tremenda mentira que
dice que seguir a Jesús no es divertido. Como si creer te quitara la libertad,
y no es así. Jesús era una persona divertida, fue el primero que convirtió el
agua en vino.

 – ¿Qué opina
del aborto?

 – Amigas mías han abortado. Y todas han roto
con sus parejas. Tienen tremendas complicaciones para tener relaciones. Eso lo
he visto yo. Las mujeres cuando abortan lo hacen por miedo: no lo voy a poder
mantener, qué va a ser de él. Piensan que es la mejor solución y en realidad es
un alma y el Señor se hará cargo.

– ¿De los anticonceptivos?

– La Iglesia no los permite porque lo
ideal es la castidad. En casi todas las parroquias hay centros de planificación
familiar que te enseñan qué métodos naturales puedes usar para controlar la
natalidad.

 – ¿Y del
sacerdocio femenino?

– Es que no hay ninguna necesidad.
Cuando piensas en seguir a Jesús, recibes ataques del demonio y los sacerdotes
sufren esos ataques muchísimo. Y honestamente, si fuera monja estaría encantada
de no tener que sufrir eso (risas). Un amigo de mi padre criticaba un día a la
Iglesia diciendo ‘la Iglesia es supermachista, la monjas no pueden celebrar
misa’. Y yo le contesté ‘¡pero qué dices, pero si va a ser la Virgen la que va
a venir a pisotear la cabeza de Satanás!’.

El perdón de Dios

– Los jóvenes opinan que la misa es aburrida. ¿Cómo
la haría más atractiva?

– ¿Se refiere a canciones y eso? Las
misas de los Carismáticos están llenas de canciones. Su forma de adorar es la
música. Pero también hay que tener en cuenta que existe el diablo y que va a
intentar hacer todo lo posible para distraerte de la misa, para que te
duermas…

– ¿Es de las que pone la otra mejilla?

– Lo intento, y me ha funcionado
fenomenal. Es que todo lo que pone en los Evangelios es verdad. He ganado una
cantidad de amigos. La gente responde fenomenal al bien.

– ¿De qué se arrepiente de lo hecho antes de su conversión?

– De muchísimas cosas. Una de las
cosas que no entendía era cómo Dios iba poder perdonarme todo lo que había
hecho antes.

– Tenía mucho acumulado.

– Muchísimo, muchísimo… Pero oye, no
te rías del mal ajeno (seria).

– ¿Cuál fue el peor pecado que había cometido?

– No te lo voy a contar porque no eres
sacerdote.

 – Pero ya
está perdonada…

 – No insista (más seria aún).

– ¿Ha sido su familia un ejemplo de catolicismo para
usted?

– Mi abuela materna sí. Ella es
tremendamente católica. Vino a vivir con nosotros y gracias a sus oraciones
creo que ha sucedido mi conversión.

– Ha vivido el divorcio de sus padres, sus hermanos
tienen pareja sin casarse… ¿Cómo lleva todo eso?

 – Al principio lo llevaba con normalidad y
ahora lo llevo con esperanza. Todos tenemos cruces en nuestra vida.

– ¿Y ellos cómo lo llevan?

– Ellos me preguntan y yo les contesto.
Con Julio he rezado, Ana me trajo un rosario precioso de la catedral de Sal de
Colombia y Chábeli bautizó a su niña y estuvimos todos. Veo pequeños cambios.
Poquito a poco. Rezo por ellos.

 – ¿Qué opina
de los que piden que la Iglesia debería vender todas sus posesiones para dedicarse
a ayudar al prójimo?

– Es verdad que el amor al prójimo se define, entre otras cosas, por
la caridad. Pero el Papa lo dijo muy bien: la Iglesia no es una ONG. Estamos
ahí para honrar a Dios como Iglesia. No veo mejor uso para el oro que para
hacer un cáliz.