HOTEL PARA PERROS
Cuando los señores Walter comentaros a sus hijos, Andi y Bruce, que te trasladaban a vivir al Este de los Estados Unidos por un cambio laboral de su padre, para Andi, que tenía once años y para Bruce, dos años menor que ella pero como su sombra, lo más duro no fue cambiar de colegio, sino tener que dejar en su antigua ciudad a Bebe, un perro al que ambos hermanos tenían un cariño especial. De momento, se van a vivir a la casa de una tía anciana, que tiene alergia a los animales. Al llegar a su nuevo destino, en el estado de Nueva Yersey, fueron a la casa de la tía Alice, una anciana que tenía la casa limpia y cuidada hasta el mínimo detalle. Tras las palabras de acogida y una primera ambientación, Andi y Bruce se incorporaron al colegio; conocieron a un chico vecino, Jerry Gordon, que no les cayó simpático desde el primer día. Tenía un precioso perro al que maltrataba. Para Jerry sólo servía aquello que respondiera a sus apetencias del momento. Los señores Walter se quedaron asombrados cuando, más tarde, se enteraron que en una casa cercana abandonada, sus hijos habían organizado la acogida de nueve perros, a los que cuidaban y alimentaban. Entre ellos, se referían a la casa como el hotel para perros. Eso suponía madrugar para sacarles a pasear, trabajar para conseguir el dinero para comprar comida, etc. Cuando el perro de Jerry terminó allí, todo se podía haber complicado y más cuando Andi, Bruce y un amigo de este decidieron gastar una broma a Jerry que le sirviera de lección. La tía Alice reaccionará de forma diferente a la esperada y más notable será la reacción del padre de Jerry. Aquellos jóvenes que tengan aprecio a los animales; en concreto a los perros, disfrutarán con el libro.
