STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA
Star Wars es, no hay que engañarse, un anuncio de 136 minutos, una elaboradísima campaña de márketing para vender juguetes. La cuestión es saber si la trama de esa anuncio es buena o no.
El director, J. J. Abrams, es un gran ilusionista. Véase lo que hizo con la serie Lost.
Se enfrenta a una saga agotada (la historia de Darth Vader ha terminado) que no dejó satisfechos a los fans en los últimos episodios.
Abrams vuelve a los orígenes, a los años 70, a un enfrentamiento de padre e hijo, cada uno en un lado de la Fuerza. Vuelve a la historia sencilla (sin complicaciones políticas ni borracheras de efectos especiales), a un puñado de personajes y sus dramas, sus miedos y sus ilusiones. Retoma a los 3 protagonistas iniciales, incorpora a los nuevos (buenos personajes, sobre todo Rey) y se atreve a suprimir a quienes deben ser suprimidos, creando el drama. Y, además, también tiene mucho humor. Humor del bueno.
Nuevo y viejo, nostalgia y novedad. Con ello logra entretener a los viejos aficionados y a las nuevas generaciones con una aventura llena de batallas espaciales y con eso tan clásico: la lucha del Bien contra el Mal.
Y con muchos cacharritos susceptibles de convertirse en juguetes.
